Wintercase -> Dícese del festival itinerante con San Miguel de patrocinador que trae conciertos interesantes en general.
Aquí solo desvelaremos, más o menos y luchando contra el sueño, los entresijos del único día al que nuestra pobre economía nos permitió ir. El último.
Porque el Wintercase es interesante, pero caro...
Dejaremos de lado la tónica general que envuelve al festival, celebrado en la sala repvblica del culo de Valencia, y no haremos mención a la presencia de Los Planetas que me obligó a perderme Hope of the states por puro orgullo y prejuicio contra J y amigos (¿se llama J, no?).
Los grupos que conciernen al día de mi presencia fueron lo siguientes:
The Dears.
Low.
Tindersticks.
Por supuesto, no podía faltar la escena de la cámara, pero eso mejor luego.
Empezaron los primeros, lógicamente, con un concierto que fue de más a menos... que empezó con canciones interesantes que iban destrozando progresivamente con los aburridos y típicos tópicos de siempre.
Al final comenzó a hacerse largo... pero es que después venían Low.
Empezaron dando las gracias al festival y a la gente que había acudido y comenzaron con un buen plato fuerte, una canción deliciosa que no recordaba al tristísimo Things we lost in the fire, pero que conservaba el toque Low que tanto nos gusta a algunos, como yo.
Para variar, al concierto no le podía faltar el toque fallido de sonido. O no le supuraba bien el sonido a la guitarra o es que simplemente, a los mandamases de la sala se la repanpinfla el sonido. Así que optaron por hablar:
-More talking now.
De repente, por obra de mágia de alguien que comenzaba a avergonzarse de la situación pareció arreglar el problema que se iba dando en cada pausa entre canción y canción.
- No more talking now.
Y la sonrisa medio sarcástica medio simpática apareció en nuestra boca hasta que empezaron a sonar las notas de la siguiente canción.
Resumiré, que ya sé que soy pesada, diciendo que fueron sublimes, que emocionaron, acariciaron nuestro sentido auditivo con delicadeza y nos subieron a una especie de nube que se rompió a tan solo una hora de haber comenzado.
Gracias, sí.
Y los terceros fueron los terceros, evidentemente, quienes no rebajaron la calidad musical que Low habían dejado patente en el escenario de semejante antro, dejando una vez más, constancia de la buena música que saben hacer y de su gran directo.
La pega fue, nuevamente, los seguratas de la sala... ese enjambre de gente que construye repvblica. Y es que se acercó a alguien de quien no voy a decir nombre a decirle (eso sí) de manera semiamable un frío y trémulo "Caballero, acompañeme" hasta conducirlo al guardaropa y cobrarle euro y medio por dejar la cámara en el susodicho lugar.
Sí, te obligan a dejarla y encima tienes que pagar, estupendo.
Pero en fin, la vida es así y la insistencia de llevar todo este tipo de eventos a esa sala demasiado fuerte como para combatirla... y la verdad, todos tenemos mejores cosas que hacer.
La cuestión es... ¿repetiremos de nuevo?
Cvalda